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Poetry of Issue #8
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Un Colibrí Busca su Flor en la Ciudad
             A Guido Cabrerizo y Dharma Padrón

Todo cura todo sana
todo tiene medicina dentro, ay ay ay (bis)

Al batir las alas con fuerza
los oídos entienden los lenguajes del edén.
Son semillas de jardines sembrados en el corazón.

La hortaliza que alimenta la sangre,
la fruta que nutre el ojo con color,
la palabra bendita que construye en la ignorancia el mundo,
                              una y otra vez, otra vez tras otra,
el respeto ante la hoja,
el coraje de guerrero,
el llamado del deber con el pincel
                                      y calla el artista al escuchar las notas de la sabiduría,
se revuelca la bestia ante la muerte de la flor,
el colibrí guarda la calma, la esconde bajo sus alas que se baten
                              hasta la dimensión de la alegría,
en el lugar donde llueven sonrisas y empapan dicha en el cabello,
llenan lagunas de euforia,
arrastran la mala onda hasta el límite,
donde el cielo termina
y niño se hace hombre para despedirse de su madre.

Todo tiene agua dentro, todo tiene viento dentro,
todo tiene tierra dentro, todo tiene fuego dentro ay ay ay ay...

Más allá de la penumbra existe el odio,
un infierno inventado por la codicia
donde el hombre encuentra comodidad al navegar sobre hombres,
donde la dignidad no extendió sus pastos,
y la esencia nunca echó raíces,
donde la carencia del líquido crea desiertos
                                               y su existencia,
                       tan necesaria para las pruebas del alma y los escorpiones,
ha demostrado que el carácter se moldea en la dificultad,
pues es allí donde se funde y forja el infinito.

Todo tiene medicina dentro, llevo llevo medicina dentro,
llevo llevo el universo dentro ay ay ay ay....

La piedra olvidada, es reclamada por la madre selva,
el poema escrito se divierte de lengua en lengua
                                               brincando entre los oídos para eludir el olvido.

Alguna vez nos propusimos ser eternos y nos olvidamos del tiempo
hasta que éste se encargó de recordarnos
                                    que la única puerta a la gloria es el amor,
pues las firmas son lo primero que se borra en el papel.

Que los egos pertenecen a la región del sarpullido,
que las placas de metal también están sujetas
                              a la putrefacción de la bacteria,
que la plenitud es una exhalación
que hay que disfrutar,
como la última.

.

  Nicolás Linares